Sudáfrica: Los desafíos políticos de Cyril Ramaphosa


El antes vicepresidente Cyril Ramaphosa fue elegido como presidente de Sudáfrica el pasado jueves 15 de febrero poniendo fin al gobierno de Jacob Zuma. Ramaphosa tomó el relevo después de que el partido de ambos, el histórico Congreso Nacional Africano, forzara la salida de Zuma la misma semana y, con ello, zanjara nueve años de mandato y, al tiempo, de inestabilidad política en el país.

Foto: Getty Images
Y aunque Ramaphosa fue escogido como presidente del partido en 2017, ahora deberá enfrentarse a muchos desafíos políticos sin el año que tenía de margen hasta las próximas elecciones, previstas para 2019. Sus problemas irán mucho más allá de un partido que, a pesar de ser histórico y símbolo de la lucha contra el apartheid, ha visto dañada su reputación en los últimos años. 

El antes líder sindical cercano a Nelson Mandela y ahora empresario y político, Cyril Ramaphosa, tiene el reto de reparar el daño que hizo la legislatura de Zuma. En su discurso ante el Parlamento, Ramaphosa aseguró que “en su radar” está la lucha contra la corrupción, pero también deberá atender a la capacidad del Estado –ahora minada– para afrontar problemas sociales como los servicios básicos para muchas personas, la educación y la sanidad, a menudo rudimentarias, y sacar a flote a la economía del país. 

Actualmente, Sudáfrica ha vivido unos años de crecimiento económico limitado que ha frenado la creación de empleo, ha alejado a los inversores y ha aumentado el desempleo. Este último probablemente sea uno de los frentes a los que más atención deberá prestar el nuevo presidente, ya que el paro se mantiene en un nivel histórico del 27.7% de la población y de un 68% entre los jóvenes. Esta situación está detrás de las promesas de expropiación a los granjeros descendientes de los colonos.

Sin embargo, Ramaphosa debe moverse rápido para que no aflore su pasado más reciente que decepcionó a muchos. Uno que no se olvida de que el ahora presidente formó parte de la junta de la empresa minera Lonmin durante la masacre de Marikana de 2012, en la que la policía mató a 34 mineros en huelga. Un episodio considerado como la peor operación policial desde el fin del apartheid y en el que Ramaphosa tuvo un papel clave.


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