El reflejo de la revuelta norteafricana


Por: Eugenio Nkogo Ondó, Filósofo.

Hace meses que el Norte de África se encuentra en uno de los momentos álgidos de su evolución política. Una revuelta en favor de un sistema de gobierno justo que convirtiera al pueblo en verdadero protagonista de su propia historia ha atravesado diversos Estados. En Túnez se inflamó la pólvora detonante. El 17 de diciembre de 2010, fecha que coincide con el Adviento de la cultura cristiana, el joven especialista en Informática, en paro, Mohamed Bouazizi, se inmoló ante el edificio de la delegación del gobierno en la ciudad de Sidi-Bou-Saïd, zona que yo mismo visité, en la primera quincena del mes de julio de 2002, en un viaje turístico, a través de la ruta que me condujo del norte al sur y del este al oeste del país en cuestión. La desesperación general de la población en la que vivía el joven, la paliza que le propinó el agente de policía y la consiguiente retirada del permiso que le permitía vender en su puesto de frutas y verduras, como medio de subsistencia, precipitaron esa “situación límite”. A pesar de haber recibido la atención médica obligatoria, ya no era posible albergar ni siquiera la mínima esperanza de vida, pero, en ese estado comatoso, el presidente de la república, Zine El Abidine Ben Ali, impulsado por la censurable hipocresía de su política despótica, lo visitó el 28 del mismo de diciembre, en el hospital al que fue trasladado. Murió el martes, 4 de enero de 2011, es decir dos semanas y cinco días después de haber realizado aquella decisión trascendental de protesta contra el poder establecido. A partir de la triste noticia que convirtió al joven difunto en héroe y primer mártir del régimen opresor tunecino, el pueblo se alzó en las cuatro esquinas del pequeño país, se produjo una auténtica batalla campal entre sus manifestaciones y las fuerzas del orden. Con los gritos de “Fuera Ben Ali”, “la revuelta continúa”, “o nos matan o se van, pero aquí no se negocia”, las multitudes reclamaban al unísono la salida inmediata del presidente de la república y la sustitución de su régimen por uno más representativo y democrático. Ante esa situación adversa, el presidente tuvo que abandonar definitivamente el país que había subyugado a lo largo de 23 años.

La revuelta alcanzó al vecino Egipto. El 25 de enero de 2011 se encendió la chispa en la plaza Tahrir en el centro de El Cairo, intentando reducir a cenizas ese viejo régimen que había sido montado por Anuar el Sadat en 1970, justamente al morir el revolucionario Gamal Abdel Nasser. Tras haber firmado los acuerdos de paz con Israel en 1979, en Camp David, Sadat será asesinado en 1981 por los integristas islámicos, quienes lo acusaron de haber traicionado al pueblo palestino. Lo sucede Hosni Mubarak quien, con la aplicación de la Ley de Emergencia, elevó el régimen al grado de un Estado de terror. A pesar de haber enviado a sus defensores, armados y montados a caballo a enfrentarse cuerpo a cuerpo con los manifestantes, causando bajas entre ellos, también el viejo dictador, de 82 años, abandonó su puesto y su país, un país que había gobernado con mano de hierro durante 30 años.

La ola de protestas cruza el mar Rojo y aterriza en Yemen y en Bahrein. Tomando la ruta mediterránea llega a Siria, de vuelta irrumpe en Libia y, con menos fuerza, afecta a Marruecos y, sin duda, desciende a Senegal. No es posible que el estallido de sus ondas haya sido una casualidad. Me han preguntado tantas veces si puede extender a todo el continente africano. Todo eso es previsible, pero no debemos olvidar que en África ha habido tantas revueltas que han sido apagadas y silenciadas subrepticiamente por las potencias occidentales. De acuerdo con esquema cronológico, podemos recordar las siguientes revueltas: la de Togo, en 2005 contra el golpe de Estado electoral propiciado por Francia para legalizar el fraude de Faure Gnassingbé, el hijo de Étienne Eyadéma Ggnassingbé, uno de los mejores defensores de los intereses franceses de la zona, y proclamarlo como presidente de la república. La revuelta del pueblo gabonés, en septiembre de 2009, por idénticos motivos, aquí el gobierno francés manipuló la voluntad de todo un pueblo para que Ali Bongo sucediera a su padre Omar Bongo, el que fuera protegido y nombrado decano de los dictadores de la Francofonía, que arruinó a Gabón durante cuarenta años con el envío del tesoro nacional a París. La reciente revuelta de Costa de Marfil que ha sido apagada por las Fuerzas francesas de la Licorne, secundadas por los cascos azules de la ONU (ONUCI), cuya misión en toda África ha sido y será siempre la misma: obedecer las órdenes de las potencias neocolonialistas que la explotan. Se confirma que el afán de no perder ningún ápice del dominio absoluto que Francia ha ejercido en sus excolonias la ha llevado a entablar la guerra contra Costa de Marfil y contra Libia y, como es habitual, habiendo manipulado al Consejo de Seguridad, de la ONU, ha obtenido no sólo el apoyo militar requerido sino también la aprobación de todo el Occidente. En este caso, remito a los siguientes documentos: 1. “Les médiamensonges fascisants de la presse impérialiste sur la libye demasqués”, 2. « Les vraies raisons de la guerre en Libye », de Jean-Paul Pougala, escritor de origen camerunés, director del Instituto de Estudios Geoestratégicos y profesor de Sociología en la universidad de la Diplomacia de Ginebra, Suiza; 3. “Égypte et Tunisie, laboratoires du plan économique et néocolonial d´Obama”, de Manlio Dinuci, cuyas copias se adjunta, y 4., uno de mis artículos, cuyo título es: “Francia contra Laurent Gbagbo”, legible en mi página Web (www.eugenionkogo.es). Los integrantes de la corriente ideológica de Críticos africanos, estamos proyectando la redacción de una nueva obra colectiva que tendría el título de: L´impérialisme humanitaire à l´assaut de l´Afrique.

Cabe recordar del mismo modo que la lucha por la liberación total de África fue iniciada por Jomo Kenyatta y por Kwame Nkrumah, en 1946 y 1947, en Kenia y en Ghana, respectivamente. Recomiendo las lecturas de África debe unirse y de Neocolonialismo, última etapa del imperialismo, de ese político ghanés. África entera vive bajo las rígidas condiciones impuestas por las dos formas de dominación extranjera y local que la asolan.

Es evidente que las potencias imperialistas occidentales, guiadas por la “ingeniería histórica”, sólo pretenden hablar de Derechos Humanos cuando sus intereses están en peligro. ¿Cómo es posible que todos los gobiernos occidentales hayan hecho buenos negocios con esas dictaduras que ahora recriminan? ¿Como es posible que todos los dirigentes occidentales hayan sido amigos personales de esos dictadores y que, después haberlos apoyado y ayudado a sacrificara a sus pueblos durante tantos años, de repente, se hayan convertido en sus acérrimos enemigos, con el pretexto de defender la democracia?... Incluso el observador menos avezado a la crítica puede afirmar que lo que quieren es simplemente establecer sistemas autocráticos más manejables y presentarlos como democracias, cuando, en realidad, los países que hoy más alzan la voz en defensa de la democracia, hace tiempo que han erigido auténticos sistemas totalitarios. Los que hemos leído a J.-J. Rousseau sabemos que nunca ha existido una democracia pura y que el cáncer de las democracias ha sido, es, el engaño y la manipulación al pueblo. Ese engaño y esa manipulación alcanzan en la actualidad una dimensión planetaria.

León, España, 13 de julio de 2011.

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