¿Por qué arde Galicia? Una perspectiva africana

Por Laura Victoria Valencia

...nos olvidamos de cumplir con nuestra parte del pacto, que no es otra, que el cuidado y protección de nuestros campos

Si cada temporada (si es que se puede decir que la quema o los incendios de los montes tienen una estacionalidad), aunque ciertamente en la que nos encontramos es la más propicia, bien sea para que los montes del territorio español ardan, fortuita, accidentalmente o por la acción de los pirómanos y especuladores que andan sueltos, cabría preguntarnos si no estamos errados en el concepto que tenemos de la ecología, cuya definición, según la real academia de la lengua reza es: Relaciones entre los seres vivos entre sí y con el medio en el que viven.

Incendio en Cabo Silleiro. Foto: Flickr Usuario: Contando Estrelas

Y ahí va mi pregunta; ¿Estamos cumpliendo los seres humanos con la parte que nos toca en éste pacto? Porque me da, a tenor de los acontecimientos, que  entendemos ésta pacto de relación con la naturaleza, como algo unilateral, que solo compete a una de las partes. Lo que sería comparable a un padre que encierra a su hijo en casa para protegerle del riesgo que supone vivir.

Nos olvidamos que los montes, las plantas y los bosques, están compuestos por seres vivos cuya misión es crecer y multiplicarse. Y digo esto, porque, no hay más que hacerse un viaje por nuestras carreteras para contemplar el abandono en que se encuentra la inmensa riqueza forestal que nos rodea.

Los bosques, hay que cuidarlos, podar y recoger las hojas  y  las ramas secas que inexorablemente caen en el ciclo vital de la renovación de la naturaleza y que son el mejor  combustible para descuidos irresponsables y pirómanos sin conciencia.

Los árboles no se cuidan solos, hay que hacer un seguimiento a su desarrollo para mantener el equilibrio natural de todo ser vivo que habita el planeta. Nos rasgamos las vestiduras hablando de ecología y medio ambiente. El dinero de los contribuyentes se gasta en campañas de concienciación, pero nos olvidamos de cumplir con nuestra parte del pacto, que no es otra, que el cuidado y protección de nuestros campos.


...somos nosotros los invasores, ...la Tierra existía antes que los hombres y mujeres

Muchas autoridades creen que la protección significa poner coto a la construcción y estoy de acuerdo, no se deben recalificar los montes de forma indiscriminada, pero tampoco debemos olvidar, que es el hombre el mejor guardián de ése tesoro que se llama tierra y todo lo que en ella habita.

Cada año se pagan las consecuencias de los destrozos que producen los incendios y las riadas, cosa que a mi juicio podemos evitar si hubiera un plan real de conservación y mantenimiento de nuestra naturaleza. Muchos esfuerzos de años de innumerables familias se las llevan las crecidas de los ríos y los incendios de los bosques, por no hablar de la vidas humanas truncadas por la furia de la naturaleza, que se expresa de la forma que sabe expresarse y que no tenemos voluntad de escucharle. Somos sordos y mudos a sus lamentos.

Pontevedra, extinción de incendio forestal

Me pregunto cuanto cuestan las brigadas de bomberos, helicópteros y las miles de personas que en un esfuerzo vano, por controlar lo incontrolable, pierden sus ahorros, el bienestar de sus familias y en muchos casos sus propias vidas. Seguro que mucho menos de lo que costaría evitar estos desastres que tanto dolor causan. Pero quizás algunos piensan que es más políticamente correcto, hacerse la foto repartiendo indemnizaciones, cuando la verdad es que todo el mal causado había podido evitarse en lugar de poner una tirita donde no está la herida.

Quiero concluir ésta reflexión, recordando que en África, al menos antes, se veían las cosas de otra manera, se respetaba a la naturaleza y no se la intentaba dominar porque se sabía que no se podía jugar con ella, que es como jugar con Dios.

Y es que olvidamos que somos nosotros los invasores, que la Tierra existía antes que los hombres y mujeres, que la naturaleza ha sido el mejor anfitrión que podíamos tener y nosotros y nosotras,  unos invitados groseros y mal educados que no queremos cuidar lo que tan generosamente nos han dado.  Debemos cuidar la vida y cumplir nuestro pacto de cuidar unos de otros, pues tenemos en la muerte la constancia de que la naturaleza siempre gana      

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