Historia, racismo y activismo

La imagen de un historiador o una historiadora, un sociólogo o una socióloga, encabezando una manifestación puede llevar a la melancolía. La imagen de un historiador afrodescendiente hablando de racismo también.

Por: Antumi Toasijé Historiador, Director de Africanidad.com
Foto: Rubén H. Bermúdez
Recuerdo como en tercero de EGB (Educación General Básica), en mi colegio en Ibiza, un compañero de clase me enseñó en cierta ocasión una lucerna púnica. Tenía un tacto rugoso y una leve pátina. El pensar que hacía más de dos mil trecientos años alguien había alumbrado sus noches con ese objeto me estremeció profundamente. Tenía yo unos doce años y desde entonces supe que quería ser historiador o arqueólogo; pensaba yo a esa edad, que era lo mismo una cosa que la otra. Por aquel entonces tampoco me interesaba mucho saber si esos cartagineses eran "blancos" o "negros", simplemente me fascinaba saber que eran africanos viviendo en Europa, un poco como yo; un afrodescendiente viviendo en España.

Lucerna púnica, Museo arqueológico regional de Palermo
Foto: Giovanni Dall'Orto. Fuente: Wikimedia commons.
El caso es que poco después recibí como regalo de cumpleaños un libro que me marcó: "Historia General de África" de José Luis Cortés López, uno de los pocos historiadores españoles dedicados a África. Creo que habré leído ese libro una media docena de veces por lo menos. La información contenida en esa obra, contrastaba con la nula información recibida sobre África y las personas negras en general durante toda mi época escolar primaria y secundaria-bachillerato, (soy de los del COU). Y me consta que salvo quijotescas excepciones, hoy por hoy sigue dándose la misma omisión en el sistema educativo español. Lo que motivaba ese vacío, el problema en sí, no era África, el problema era que para el mundo en general, las personas negras no tenían historia hasta que llegó el hombre blanco a dársela. La verdad es que hasta entonces "el juego de las razas" me había importado poco, pero es que empezaba a ser un obstáculo para mi sed de conocimiento histórico.

El autor de estas líneas (a la izquierda) junto a Remei Sipi en la Universidad de Granada
Durante esa época de la secundaria empecé a incursionar en Kemet (El Antiguo Egipto) de la mano de obras clásicas sobre el género de arqueólogos, pirámides y momias. Allí empecé a vislumbrar que algo no encajaba. En todas esas obras se asumía que los egipcios eran personas blancas, o "semitas", es decir una versión de lo mismo. Y, quizás lo peor de todo, es que se asumía que el Antiguo Egipto fue una civilización "asiática u oriental", repito "asiática", no africana. Realmente eso me extrañaba porque el Nilo es evidentemente un río enteramente africano desde su nacimiento hasta su desembocadura y los rasgos faciales de los faraones, así como el color de piel de los egipcios, representado en la mayoría de las pinturas de las tumbas reales indicaba verdaderamente que eran personas mayoritariamente negras. Además con frecuencia llevaban trenzas. Peinados iguales a los del resto de África, vestían como en el resto de África y rendían culto a dioses africanos.

Con la confirmación de una colosal falsificación académica, enfrenté la carrera de Historia, intentando aprender algo de África, que era lo que realmente me interesaba. Ni una sola de las asignaturas que cursé se acercaba a la Historia africana. A lo sumo se hablaba del colonialismo y del post-colonialismo de pasada. Escasas sesiones estuvieron dedicadas al comercio transatlántico de personas secuestradas y esclavizadas y por supuesto siempre, la visión sobre todos aquellos asuntos resultó ser tan aséptica y distante como desprovista de humanidad. Y eso que la Historia es una cuestión de Seres Humanos, aunque a veces pudiera parecer que no. Por ello tuve que autoenseñarme leyendo a: Cheikh Anta Diop, Georges G. M. James, Eric Williams, Molefi Kete Asante, Martin Bernal y tantos otros, lo cual está muy bien aunque te lleva indefectiblemente a constantes guerras dialécticas con los profesores, guerras que dificultan, y mucho, los logros académicos.

Finalizando la carrera me di cuenta de que era necesario para las y los propios estudiantes hacer lo imposible por incorporar contenidos de Historia africana y de sus diásporas a la Universidad. Por eso fundé con otras y otros estudiantes africanos y afrodescendientes la Asociación de Estudios Africanos y Panafricanismo, en la Universidad de Baleares. Gracias a esa asociación se logró la primera revista online de estudios africanos africano-centrada "Nsibidi". Africano-centrada quiere decir que la perspectiva narrativa es africana, algo imprescindible para decolonizar el relato histórico. También logramos que se realizara el curso universitario "Àfrica i africanisme en el món actual" (África y africanismo en el mundo actual). Claro que por aquel entonces yo ya sabía que había una gran diferencia entre el "Africanismo", algo nacido del colonialismo y la "Africología", nacida de la conquista afrodescendiente y africana sobre el relato histórico.

A este proyecto universitario le han sucedido otros muchos en los que me he visto involucrado muy activamente, pero hasta el momento, la Universidad española sigue adoleciendo de una casi total falta de interés por África y mucho más por los estudios sobre las diásporas africanas. Grados como los Estudios de Asia Oriental, existen y son oficiales, sin embargo el Grado en Estudios Africanos sigue brillando por su ausencia. Salvo excepciones, cuando hay Másteres o Cursos de Estudios Africanos la aproximación es paternalista o claramente enfocada a la cooperación. No tengo nada contra eso, pero siempre creí que la Historia debía servir para conocer y comprender al Ser Humano y si acaso que alguien tomara esa información para entender cómo hemos llegado a ser lo que somos y cómo podemos aprender algo de utilidad social a través de un análisis serio y riguroso del pasado. Nunca pensé que, como medida de oportunismo contextual, debiera servir sobre todo, para organizar campañas de mendicidad a escala mundial.

Las y los africanos y afrodescendientes, sobre todo quienes vivimos en Europa, estamos atrapados en la prisión intelectual eurocéntrica y para poder hacer algo que realmente nos sea significativo, nos vemos primero inmersos en la tarea de limar los gruesos barrotes de esa celda. Esto no quiere decir que nos guste limar barrotes, a mi particularmente me parece una tarea, aunque necesaria, muy tediosa, me aburre. Por ello es de valorar y mucho, el esfuerzo suplementario que tienen que hacer las y los historiadores enfrentados a la estructura eurocéntrica, como para que luego venga nadie a decir que somos pocos, pero ¿cómo no lo vamos a ser con tantas barreras?

Lo quiera uno o no, el activismo constante lleva a la melancolía o al menos a períodos de apatía, porque lo que uno realmente quiere es profundizar en la Historia africana y punto. A menudo me veo en activismos políticos o en unas conferencias hablando sobre racismo, xenofobia o intolerancias, o en una manifestación contra el fascismo. No son temas especialmente de mi gusto, simplemente entiendo que todas esas acciones son imprescindibles para preparar el terreno para que algún día alguien, con poder suficiente, diga que el estudio de África merece tanto interés como el de América o Asia, o el de la propia Europa. Entonces podremos volver a concentrarnos por completo en cuestiones como intentar dilucidar la veracidad o falsedad de la expansión bantú, delimitar la extensión de la muralla de Benín o buscar los archivos perdidos del reino de Numidia.


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