¿Somos los Conguitos?


Todavía me sorprendo cuando entro en una tienda y veo la marca “Conguitos” (esta marca, para los que  no la conozcan, vende caramelos de chocolate tipo M&Ms  pero con un cacahuete por dentro). Os explico cómo empezó mi indignación hacia esta marca (cuyos inicios fueron bastante racistas) y hacia todo lo que representa para mi: hace algunos días fui a un supermercado (en la Mola que está en la isla de Formentera) con un amigo, hicimos la compra y cuando nos disponíamos a pagar vimos que en el mostrador había un muñeco de promoción grande de la marca Conguitos al lado de la caja. El muñeco era la típica caricatura del "Black Face" que tanto usaron los actores de teatro americanos para representar burlonamente a los negros durante el siglo XIX (que todavía se sigue usando en muchos países) y que finalmente fue erradicado durante el movimiento de los derechos civiles de los afroamericanos durante los años 60. Este bendito monigote despertó mi indignación y mi ira (moderada puesto que no quería explicarle a la cajera del supermercado el porqué de mi indignación), me sentí bastante incómoda interiormente con la situación de que ese muñeco estuviese allí delante de todos y que nadie dijera nada. Aún no entiendo cómo en pleno siglo XXI no hay leyes que prohíban este tipo de ofensas en España y en otros países del mundo o que por lo menos nos protejan de estas ofensas innecesarias que demuestran más ignorancia que otra cosa.

Por: Rian de la Torre
Lady Saba: lasaba.blogspot.com
Indignación también fue lo que sintió también María Frías, una profesora de la Universidad de A Coruña especializada en literatura afroamericana, cuando hace unos años (en el 2003 para ser más exactos) escribió a la empresa La Casa (dueña de la marcaConguitos) sugiriéndole que adaptase su logo a los tiempos actuales  porque dicho logo  era vejatorio para los africanos y afrodescendientes que viven en España porque perpetuaba estereotipos negativos del pueblo africano. Ante esta sugerencia el creador de la imagen respondió en su defensa que el lo confeccionó en los años 60 cuando el Congo  se acababa de independizar y que entonces estaba de moda y por eso decidieron darle ese toque “exótico” a la imagen de Conguitos. Tras otra queja por parte de otro señor que tenía dos sobrinas negras parece que la compañía ha intentado eliminar las características burlescas del Black Face del muñeco: se le han quitado los labios gruesos y la lanza para que parezca un muñeco más. Sin embargo en muchas tiendas aún se pueden encontrar los muñecos Conguitos tradicionales.

Sucedió también un caso parecido con el cacao en polvo Cola-Cao, donde en el envase se podían apreciar a un grupo de africanos cargando fardos y vestidos con harapos. Pero en éste último tras una denuncia del caso se han tomado medidas más efectivas que en el caso de la empresa La Casa, puesto que han modificado de forma efectiva su error y ahora los personajes africanos que figuraban en su envase van “correctamente” vestidos. Si la empresa La Casa tuviese realmente buenas intenciones y respeto hacia el pueblo africano creo que habría retirado ya todos esos insultantes muñecos del mercado, porque tiempo sí ha tenido para arreglar este asunto.

En mi humilde opinión el racismo institucional es lo que impide que este tipo de acciones sin consciencia y de mal gusto sigan teniendo lugar en el mundo occidental y otras partes del planeta Tierra. Sinceramente algo falla en España cuando se permite a una marca llamarse Conguitos o a un cóctel Lumumba (Héroe Nacional, líder panafricanista congolés que condujo a su país hacia la independencia) o cuando se permite tener a un negro disecado (el conocido “Negro de Banyoles”) en un museo para la gracia de algunos. La verdad, estoy cansada de soportar este tipo de faltas de respeto, y hablo en nombre de muchas hermanas y hermanos, que yo se que también están cansados pero que ya no les da la voz para gritar más alto o "pegar puñetazos" en la mesa. Ante esta aberrante difamación de la imagen de los afrodescendientes me alzo (al menos por escrito) y repito lo que dijo Martin Luther King en su día al presidente norteamericano Lyndon Johnson: "Our Freedom can not wait" (nuestra libertad no puede esperar).


No quiero hacer aquí una apología de indignación ni de difamación en contra del Sistema Occidental pero lo que sí quiero señalar  bien claro es que  desgraciadamente el racismo sigue vigente en nuestra sociedad de forma palpable e incómoda y que es el deber de todos acabar con esta injusticia porque el silencio o la indiferencia, amigos míos, también nos hace cómplices  o presuntos implicados “del crimen”.


En el fondo el verdadero problema no es El Black Face o Los Conguitos, el problema está en hacer la vista gorda y seguir perpetrando un sistema que sólo favorece a algunos y a otros los discrimina.

Toni Morrison (la primera escritora afroamericana y la octava mujer que ha ganado el premio Pulitzer y el Premio Nobel de Literatura) dijo en una entrevista (en noviembre del año pasado en el programa americano The Colber Report) que empezó a escribir a una edad madura porque quería leer cosas que todavía no habían sido escritas, quería escribir sobre lo doloroso que es el racismo construido y cómo afectaba a las personas más vulnerables de nuestra sociedad –las mujeres, las mujeres negras, las mujeres pobres– y sobre como eso realmente puede hacernos daño.


Nosotros y nosotras. como Morrison, tenemos también la oportunidad de reescribir la historia y hacer de este mundo un lugar en el que todos podamos sentirnos integrados y parte del esperanzador futuro de la humanidad. Escribamos pues con nuestras acciones la novela que a todos nos gustaría leer, una novela donde la multiculturalidad sea un estandarte de la evolución y el progreso, construyamos el camino paso a paso pero juntos.



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