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La monja negra de sangre real francesa

Una monja negra ordenada con gran fasto 
En el otoño del año 1695, toda la corte asiste a una extraña ceremonia: una joven negra pronuncia sus votos e ingresa al convento de las benedictinas de Moret. Luis XIV le hace entrega de una generosa pensión. ¿A qué se debe tanta consideración? ¿Será ella de sangre real? Hija del rey Felipe IV de España, María Teresa de Austria se casa con Luis XIV en 1660, la infanta se sabe predestinada a un matrimonio real. En su primer encuentro, se enamora profundamente de su futuro marido. Luis XIV, por su parte, sigile el consejo del sutil Mazarino; desposa a la alianza con España al mismo tiempo que una madre para sus futuros hijos. Madame de Motteville cuenta que, al salir de su primera entrevista con la que sería su esposa, el rey declaró “al señor príncipe de Conti y al señor de Turenne que, en un principio, la fealdad del peinado y del vestido de la infanta lo habían sorprendido, pero que al mirarla con más atención había visto que poseía mucha belleza y entendió que le sería fácil amarla”. Dicho de otra manera, el rey se resigna frente a esta niña gordita y con los dientes dañados a la que sabe que tendrá que desposar.

Testimonios sobre la llamada "mora" 
En sus Memorias, Mademoiselle de Montpensier relata el difícil parto de la reina y describe al recién nacido:
“Monsieur me contó lo difícil de la enfermedad de la reina, de toda la gente que había cuando se trajo a Nuestro Señor, de cómo su primer capellán se había desmayado de aflicción y el príncipe había reído y toda la gente junto con él de la cara que puso la reina cuando vio que la hija que había dado a luz se parecía a un pequeño "moro" que el señor de Beaufort había traído, que era muy "bonito" SIC y que siempre estaba con la reina, y cuando se dieron cuenta que su hijo se le podía parecer se lo llevaron, pero ya era demasiado tarde, que la niñita era "horrible", que no viviría y que no se lo dijera a la reina porque se moriría por ello.” Voltaire, quien fue a ver a la "mora" al convento de Moret, privilegia la tesis de una hija bastarda del rey. Escribe en su Siglo de Luis XIV: Ella era muy morena y por lo demás se parecía a él. El rey le regaló veinte mil escudos de dote al ponerla en un convento. La opinión que tenía de su nacimiento era motivo de orgullo para ella, orgullo que molestaba a sus superioras. En un viaje a Fontainebleau, Madame de Maintenon fue al convento de Moret y quiso inspirar más modestia a la religiosa. Ella hizo lo que pudo para sacarle esa idea que alimentaba su orgullo. Señora -le dijo la religiosa-, la molestia que se toma una dama de su rango en venir a decirme que no soy la hija del rey, sólo me lo confirma.

La reina abandonada 
Durante los primeros meses del matrimonio, Luis XIV demuestra ser un marido atento. Pero rápidamente su gusto por las mujeres bonitas comienza a pesar más, El no es hombre de pasiones clandestinas toda la corte está al corriente de cada una de sus ruidosas relaciones. Pero Maria Teresa quiere sinceramente al rey y sufre. "A veces perecía que su corazón estallada de tanta agitación, demostrando con esta emoción, que su corazón estaba contento sólo cuando estaba junto al del hombre del que se quejaba”, cuenta la misma Madame de Motteville. La reina llora frecuentemente, se siente abandonada y humillada. Tiene algunas damas de honor para acompañarla, aun así permanece malhumorada y no le gustan las intrigas de la corte. Un día, el turbulento duque de Beaufort, convertido en almirante, trae consigo de uno de sus viajes un joven esclavo negro, un "negrillo" SIC, como se decía entonces, que ofrece a la reina para su distracción. El niño, bautizado como Nabo, se revela impetuoso y de mente despierta. Seduce rápidamente y divierte el círculo íntimo de la reina. Nace una moda, ya que se observa que los pintores representan negritos en el decorado de sus grandes retratos. Pero un día de 1664, durante el embarazo de la reina, llega la noticia que Nabo ha muerto súbitamente. 

Luisa Maria Teresa, pintura anónima (Paris, Biblioteca de Santa Genoveva).
¿Era la religiosa negra hija de la reina María Teresa?
Un recién nacido inesperado
La reina tiene un embarazo difícil, parece inquieta y está frecuentemente enferma. La mañana del 16 de noviembre del año 1664, siente los primeros dolores. El parto es largo y difícil, se teme por la vida de la madre como por la del hijo. Después de varias horas, María Teresa da a luz; es una pequeña niña negra. Ella da a luz a una pequeña niña "mora" (o sea, negra), de lo que cree morir, dice Madame de Motteville. La emoción es grande y la medicina del siglo XVII intenta encontrar explicaciones; el color de la piel proviene de lo que comió la reina durante su embarazo, del clima demasiado frío o demasiado caluroso y que a la niña le faltó aire durante el parto... 

No es fácil engañar a la gente, pues nadie se ha olvidado de Nabo. Se dice que la niña es frágil de salud y cuarenta y ocho días más tarde, un 26 de diciembre, muere. Patín, médico y decano de la facultad, señala en su correspondencia: “la pequeña señora tuvo convulsiones y murió esta mañana, ella era débil y delicada, jamás tuvo salud”. Este hecho es recogido por varios cronistas: sin embargo, no se han encontrado relatos de testigos directos de la muerte de la niña. 

La religiosa de Moret
Treinta años más tarde, en 1695 (María Teresa murió en 1683), Madame de Maintenon presenta al convento de las benedictinas de Moret a una joven mujer negra -una "mora"- para que pronuncie sus votos solemnes y tome el hábito. Todo la corte está convidada a la ceremonia, y el 15 de octubre el rey concede a la "mora" una pensión de 300 libras. Estas disposiciones parecen en sí excepcionales, pero la atención que la familia real presta a esta religiosa no hace más que acrecentar la sorpresa. Madame de Maintenon, antigua gobernanta de los bastardos reales y desde ahora esposa secreta de Luis, va frecuentemente a Moret para visitar a la "mora". El Gran Delfín Luis, hijo del rey, y sus hijos Luis y Felipe, también la visitan. ¿Quién es esta joven mujer que suscita tanta atención? Ella no parece tener ninguna duda sobre su identidad. Saint-Simon cuenta que “le oyó decir descuidadamente una vez, al oír que Monseñor (el Gran Delfín) cazaba en el bosque: es mi hermano quien está cazando”. Sería entonces la hermana, o media hermana, del Gran Delfín.

Manifiestamente ella no puede ser hija del rey y de la reina. Pero podría ser hija de Luis XIV y de una mora. La hipótesis seduce al escritor Voltaire, el mismo que ideó que la Máscara de Hierro fuese el hermano gemelo del rey. Sin embargo, esto es difícil de imaginar. Las amantes de Luis XIV son conocidas, sus hijos registrados y las mujeres negras escasean en la Francia del siglo XVII. Entonces la "mora" puede ser hija de María Teresa. En ese caso, cómo olvidar a la niña nacida en 1664 y al "negrito" que creció rápidamente y que tanto gustaba a la reina... 

Las extravagancias de Luis XIV 
Desde su adolescencia, el joven Luis no esconde su atracción por las mujeres. Sus comienzos amorosos son más propios de un bulímico que de un gourmet, según explica la princesa palatina: “Todo lo que fuese mujer estaba bien para él, las campesinas, las hijas de jardinero, las sirvientas, las damas de calidad; ellas sólo tenían que hacerse las enamoradas”.
De 1661 a 1683, sus conquistas ya no se contabilizan. Entre las más célebres se puede destacar el nombre de Madame (Enriqueta Ana de Inglaterra, que recién habla desposado al hermano del rey), también Mademoiselle de la Valière, joven dama de compañía de Madame. El rey concibe ocho hijos con su principal amante, Madame de Montespan, quien cayó finalmente en desgracia por haber comprado afrodisíacos para usarlos con el rey y porque su nombre apareció implicado en el caso de los venenos. Finalmente se enamora de la viuda que crió a sus hijos ilegítimos: Madame de Maintenon. Es el crepúsculo de su vida amorosa. Luis XIV, envejecido, aspira por fin a la calma. Madame de Maintenon se hace desposar y rodea al rey de un ambiente devoto.

Fuente: http://www.librosmaravillosos.com/losgrandesenigmas

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