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Argentina: celebran 50 aniversario de la Marcha sobre Washington



Fuente: Diafar.org


El miércoles 28 de agosto con motivo del 50° Aniversario de la Marcha Sobre Washington, La Diáspora Africana de la Argentina junto con la Embajada de Estados Unidos en Argentina organizaron el acto local, donde en simultaneo al festejo oficial en Washington DC a las 3 pm (16 hs Buenos Aires) se dio inicio al mismo con el sonido de campanas, como parte de la campaña mundial “Let Freedom Ring” lanzada por el The King Center, la fundación liderada por los hijo del Reverendo Martin Luther King Jr.. Seguido se proyecto el histórico discurso “I Have a Dream” del Dr. King como punto de partida de un panel de activistas del campo por los derechos de las minorías y los derechos humanos, con una presentación a cargo de la Agregada Cultural de la Embajada Estadounidense Kerri Hannan. El panel lo integraron: Federico Pita, Presidente de la Diáspora Africana de la ArgentinaLilia del Valle Saavedra, Presidenta Fundación VEI; Ndathie Sene, Secretario de la Asociación de Residentes Senegaleses en la Argentina y Silvina Chemen, Rabina de la Comunidad Bet-El.


Kerri Hannan Agregada Cultural de la Embajada Estadounidense

Federico Pita, Presidente de la Diáspora Africana de la Argentina


Discurso de Federico Pita, Presidente de DIAFAR.


Pronunciado en el Acto Oficial del 50° Aniversario de la Marcha sobre Washington, Ciudad Autónoma de Buenos Aires 28 de agosto 2013.

Se cumplen 50 años de un hecho clave en la historia de la humanidad y en la historia del movimiento negro mundial. El 28 de agosto de 1963 el Dr. Martin Luther King Jr. junto con otros líderes afro-estadounidenses y los miles de luchadores que los acompañaban, marcharon sobre Washington reclamando trabajo, justicia y libertad, desafiando siglos de opresión. Miles y miles de hermanos y hermanas afro-estadounidenses emprendieron esta Marcha con inmenso coraje y compromiso, y también con gran incertidumbre y miedo al no saber cómo iría a reaccionar el poder ante tamaño atrevimiento.

Actos de valentía semejantes se multiplican a lo largo de la historia de los pueblos afrodescendientes del mundo y es nuestra obligación, como hermanos y hermanas de esos héroes de cuyo sacrificio nos nutrimos hoy, rendirles homenaje, reflexionar sobre sus pasos, aprender de sus aciertos y errores, y por sobre todas las cosas, continuar su lucha.

La Marcha sobre Washington se convirtió en un punto de inflexión en la historia de la lucha contra el racismo y nos dejó importantes lecciones para las nuevas generaciones de afrodescendientes. Fue una prueba irrefutable de que si el pueblo afrodescendiente se lo propone puede torcer el curso de la historia. Fue una demostración contundente del poder de la acción colectiva, de cuán lejos puede llegar el compromiso de un pueblo y de cuán necesario es seguir defendiendo todos los días la lucha ganada. La Marcha por Trabajo, Justicia y Libertad sigue siendo defendida por generaciones de activistas afrodescendientes, de los Estados Unidos y del mundo entero, que tomamos la posta, evitando que se disolvieran los esfuerzos y las conquistas alcanzadas por nuestros hermanos antes que nosotros.

Hoy estamos acá bajo la sombra de ese gran hombre que fue Martin Luther King. Hoy estamos acá siguiendo los pasos de aquellos hombres y mujeres que aunque la libertad todavía no era un derecho ganado, no dudaron en sacrificar sus vidas para que Argentina sea libre e independiente. A lo largo y a los ancho del país somos millones de afrodescendientes argentinos los que luchamos por reconstruir nuestra historia, y no vamos a descansar hasta encontrar a cada uno de los nuestros. La mentira se terminó.  Sabemos quiénes somos, sabemos que acá estamos. Y sabemos lo que queremos. Hoy estamos acá tras los pasos de esos afro-argentinos y afro-argentinas que le dieron sus primeras formas al socialismo y cooperativismo rioplatense con sus sociedades de ayuda y socorros mutuos. Hoy estamos acá junto a las plumas de la prensa afro-porteña, que a finales del siglo XIX y contra todas las voces del racismo que anunciaba con bombos y platillos nuestra próxima desaparición, seguían luchando por la libertad de expresión de todos los argentinos. Hoy estamos acá, bajo la sombra de cientos de hombres y mujeres que arrancados de su propia cultura, lengua y sonidos, contribuyeron enormemente a forjar la música, la literatura, el arte y las ideas políticas de la Argentina. Por ellos hoy estamos acá. Por el Coronel Domingo Sosa, por el Sargento Cabral, por el Coronel Lorenzo Barcala, por la Capitana y Madre de la Patria María Remedios del Valle, por Gabino Ezeiza. Por el escribano Tomás Platero, por Eugenio Zar, por Casildo Thompson, por Oscar Alemán, por Eloísa González Soler de Luis, por Enrique Nadal, y por los millones de argentinos y argentinas que día a día, desde el anonimato, llevan con orgullo su herencia africana.

No hay un pueblo en el mundo que sienta y que comprenda más el valor de la palabra libertad que el pueblo afrodescendiente. En nuestro país, en los últimos treinta años desde que recuperamos la democracia, son muchas las metas que se han alcanzado en materia de derechos civiles, sociales y humanos. Sin embargo, la democracia aún tiene una gran deuda por saldar en materia de equidad racial. La población afrodescendiente argentina hemos sido violentados sistemáticamente desde la constitución del Estado moderno y con el correr del tiempo esa violencia, esa práctica racista, se ha naturalizado y opera por inercia y también por falta de compromiso.

Cuando hablamos de compromiso, este se centra en dos esferas principalmente, en lo público/estatal y en la esfera de la sociedad civil. Después de más un siglo de desigualdades sistemáticas se hacen urgentes y necesarias verdaderas políticas públicas de reparación hacia nuestra Comunidad, la necesidad de políticas afirmativas son más que una meta a conquistar por los y las afrodesdendientes, son una obligación para seguir construyendo la paz y la justicia social que todos los argentinos deseamos para nuestra democracia.

Cuando alguien me pregunta qué puede hacer una persona común para ayudar a combatir el racismo, le respondo: con compromiso. Unos meses antes de la Marcha sobre Washington, desde una cárcel en la ciudad de Birmingham, preso por su lucha por los derecho civiles, King explicaba, entre otras cosas, por qué había dejado su ciudad para ayudar a otra comunidad: “No puedo permanecer con los brazos cruzados en Atlanta sin sentirme afectado por lo que sucede en Birmingham. La injusticia, en cualquier parte que se cometa, constituye una amenaza para la justicia en todas partes”. Comprometernos con el prójimo, entender que su sufrimiento es el nuestro, escuchar su pedido y no mirar para otro lado, ésa es la clave. Cito nuevamente a King en su carta: “La comprensión superficial de los hombres de buena voluntad es más demoledora que la absoluta incomprensión de los hombres de mala voluntad”. No podemos quedarnos en la superficie, hace falta compromiso, hace falta cuestionar la injusticia, hace falta admitir y cuestionar nuestros propios privilegios.


Éste es el primer acto de lucha y de compromiso con el otro. Si a mí me sobra, mirando bien encontraré que a mi prójimo le falta. Y deberé actuar: Dejar de pensar que el atentado a la AMIA y a la Embajada de Israel fueron atentados solo contra la comunidad judía, sino contra toda la sociedad argentina, es un acto de compromiso con el otro. Pensar en todas las mujeres que son abusadas, violadas, golpeadas y asesinadas, que no salen en los diarios y la televisión por no vivir en la zona norte la Capital. Preguntarse por qué entre los candidatos de los partidos políticos no encontramos ningún afrodescendiente o representante de pueblos originarios. Preguntarse por qué las villas y los barrios más carenciados de nuestras ciudades están poblados en su mayoría por rostros de piel oscura. Por qué nuestra Constitución sigue ponderando una inmigración determinada y una religión determinada, aún luego de su reforma por una asamblea constituyente de la democracia. Por qué seguimos usando la palabra “maricón”, por qué seguimos avalando la explotación sexual de la mujer. Por qué las balas perdidas siempre matan a los mismos.

Comencemos por cuestionarnos estas y muchas más cosas, y qué acción tomar, se nos irá revelando. Lo importante, más que las respuestas, son las preguntas que nos hacemos.


Y para cerrar me gustaría repetir las palabras finales del discurso del Dr. King:


Y cuando esto ocurra, cuando permitamos que la libertad suene, cuando la dejemos sonar desde cada pueblo y cada aldea, desde cada estado y cada ciudad, podremos acelerar la llegada de aquel día en el que todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar con las palabras del viejo negro spiritual: “¡Al fin libres! ¡Al fin libres! ¡Gracias a Dios Todopoderoso, somos libres al fin!”



Centro Panafricano

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