El embajador de Malí en Méjico cuenta la cruda realidad del país


El Embajador de Malí en Méjico Sekou dit Gaoussou Cisse
‘Es importante poner de relieve que nos encontramos ante una agresión externa en nuestro territorio’, así de rotundo ha explicado el embajador de Malí en Méjico a teinteresa.es,  Sekou dit Gaoussou Cisse la situación por la que atraviesa su país, escenario de una guerra que enfrenta a los grupos terroristas yihadistas  contra las fuerzas militares francesas.

Estos enfrentamientos están provocando los desplazamientos de la población tanto interna como hacia los países vecinos.  Así, el embajador ha dicho a TeInteresa que actualmente ‘alrededor de 350.000 malienses han huido del país hacia los países vecinos  y otros 700.000 se han desplazado desde el norte hacia el sur del país’ huyendo de los enfrentamientos por un lado y de la imposición de la ley islámica, por otro.

Los  insurgentes islamistas se hicieron en marzo de 2012 con el control del norte del país tras una rebelión tuareg contra el poder en Bamako. Si hace unos meses cientos miles de malienses ya huían  de sus casas para no soportar la dura interpretación de la sharia (ley islámica), ahora hay que sumar a otros cientos de miles que abandonan sus hogares ante la situación de inestabilidad que vive este país de más  un millón de kilómetros cuadrados.

Al conflicto armado, hay que añadir además  otro factor que provoca que la vulnerabilidad de la población sea mayor: la hambruna endémica que padece la región.  Según la ONG Acción Contra el Hambre,  “los problemas de pobreza en Malí son profundos y estructurales,  ocupa el puesto 175 de 182 países según el Índice de Desarrollo Humano lo que supone que el 64% de la población viva por debajo del umbral de la pobreza”

Esta situación que comenzó mucho antes de la actual crisis se está agravando por los efectos la guerra y entre las consecuencias más directas se encuentra el reclutamiento de la población por parte de los yihadistas a cambio de seguridad alimentaria. Según el investigador del Real Instituto El Cano, Felix Arteaga, en dos años los insurgentes han multiplicado por 6 su capacidad humana ya que han aumentado de 1.000 a 6.000 el número de efectivos.

Los grupos islamistas no distinguen de edades y han sumado a sus filas a menores. ‘Es una realidad, en los combates hay niños malienses aunque desconozco el número exacto’, dice el embajador de Mali. Los menores están en los campamentos de entrenamiento, a tiro de los disparos y las bombas, se encargan de la comida, conducir vehículos, vigilar prisioneros, los colocan en los puestos de control y en zonas de combate.  Varias ONG han denunciado esta práctica que roba a estos niños soldados, su infancia y sus derechos.
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