CELAC: integración, inclusión y afrodescendientes


Por: Jesús Chucho García
Barlovento, La voz de Afroamérica

Ningún proyecto económico debe estar por encima de las decisiones soberanas de los pueblos, para seguirlos saqueando y violando en sus derechos humanos fundamentales y condenándolos a los desastres ecológicos e intervenciones armadas, en caso de no cumplir con esos tratados

La semana próxima, América Latina y el Caribe, cumplirán un sueño postergado bolivariano: La integración de los países al sur del río Grande (desde México hasta la Patagonia). Se trata de la creación de un bloque regional, con la exclusión de Estados Unidos y Canadá, que se llamará Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe. No se trata solo de un ejercicio de integración económica, sino político, cultural y étnico, en el que afros e indígenas no deberíamos quedar fuera, tal como en la declaración de las respectivas independencias o en el frustrado Congreso de Panamá en el siglo XIX, saboteado por EE UU y el presidente colombiano Santander, anulando la integración y discriminando al único país libre de la diáspora africana que había contribuido valerosa e incondicionalmente a nuestra independencia: Haití. Siglo XXI

El balance de más de medio milenio de luchas incesantes contra la conquista, el colonialismo e imperialismo en este territorio, originariamente denominado Abya Yala por los aborígenes Kunas, y repoblado por africanos subsaharianos, con la mezcla forzadas de europeos, es un continuo humano donde el binomio dominación-liberación, sumisión-soberanía, humillación-dignidad ha sido una constante inacabable en nuestro proceso histórico.

¿Cuántos sueños libertarios no han sucumbidos ante la imponente fuerza militar imperial después de la independencias del siglo XIX? ¿Cuántos golpes de Estado bajo la excusa del Destino manifiesto, el falso panamericanismo y de tantas invenciones para dominar nuestros pueblos desde las elites de Estados Unidos? ¿Cuántas Repúblicas Bananeras impuestas a sangre y fuego desde el Pentágono se sucedieron en Centroamérica? ¿Cuántos planes de integración bajo los signos de dominación económica y de relaciones desiguales no minaron desde el Norte para acabar a sangre y fueron contra los intentos de segunda independencia que se intentaron con las experiencias de Albenz (Guatemala), Juan Bosh y Caamaño (República Dominicana), Torrijos (Panamá), Velazco Alvarado (Perú), Salvador Allende (Chile), Maurice Bishop (Grenada) y su fallido intento por derrocar el proyecto de la Revolución cubana contra la cual no pudieron?

A finales de la década de los años ochenta, los planes imperiales y los Estados-Nación que dejaron de serlos al perder sus soberanías (esta fue la década perdida), comenzaron a ser cuestionados por sus propios pueblos por ser Estados y gobiernos ilegítimos y haber perdido totalmente el rumbo. Ante ese vacío en el seno de los pueblos, comenzarían a tomar fuerzas nuevo movimientos con nuevas subjetividades, teniendo su punto de ebullición a finales de la década de los noventas, dando el primer paso para recobrar la dignidad y la soberanía continental, el proceso Bolivariano de Venezuela, posteriormente seguido con el Movimiento Social Brasileño, luego Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Paraguay, Argentina y recientemente Perú. En 12 años los líderes de este replanteamiento de la dignidad y la soberanía de los pueblos, emergidos del seno del pueblo, no de sus elites, cambiarían el rumbo de la historia dentro del marco de la misma democracia burguesa representativa.

Chávez, Lula, Evo, Ortega, Correa, Kirshner, Lugo y ahora sumados Mujica y Humala, sin proponérselo, en sus inicios, retomarían la primera y segunda declaración de La Habana… expresando que “esta humanidad ha dicho basta y ha echado andar”, sosteniendo cada quien desde su perspectivas que el espacio Caribe y America Latina debe tomar sus propias decisiones, reafirmar una vez más sus soberanías humilladas, que tanta sangre costó a indígenas, afrodescendientes y mestizos, que han tomado la decisión irrevocable que proyectó como el Área Libre de Comercio de las Américas (planificado por demócratas y republicanos estadounidenses) eran inviables y violadores de nuestras soberanías. Ningún proyecto económico debe estar por encima de las decisiones soberanas de los pueblos, para seguirlos saqueando y violando en sus derechos humanos fundamentales y condenándolos a los desastres ecológicos e intervenciones armadas, en caso de no cumplir con esos tratados. Eso fue derrotado admirablemente con el surgimiento de las nueva democracia protagónica y participativa.

Etnocomprensión inclusiva

Si bien es cierto que el proceso de avance hacia una segunda independencia ya es un hecho y se concretará en el surgimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, repetimos una vez más que sería un craso error, que no se reconociera en dicho organismo regional los aportes morales, políticos, sociales y culturales de los afrodescendientes y los pueblos indígenas. Sería no haber valorado desde el punto de vista de la comprensión política esos aportes étnicos que fueron rechazados por los viejos fundadores de las repúblicas del siglo XIX, como luego también fueron discriminados en el proceso de modernización de los Estados a comienzos del siglo XX. Esta vez no. Esta vez se debe reconocer el aporte histórico de Haití. Esta vez la integración debe reafirmarse bajo la perspectivas de la etnocomprensión inclusiva que no es más que avanzar aceleradamente para erradicar la pobreza, el racismo y la discriminación de casi 200 millones de afrodescendientes que viven en las peores condiciones en nuestra región, como lo acaba de reconocer la presidenta brasileña Dilma Rusef. El reto está ahí, señores presidentes... la historia los juzgará, para bien o para mal.


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