Asesinato en Kinshasa. ¿Quién mató a Laurent-Désiré Kabila?.

Joseph Kabila (hijo) y su padre Laurent Kabila

El documental «Meurtre à Kinshasa. Qui a tué Laurent-Désiré Kabila?» celebra, a su manera, el décimo aniversario de la llegada al poder de Joseph Kabila en la RD Congo, como consecuencia del asesinato de su padre; asesinato que sigue sin ser esclarecido.

Meurtre à Kinshasa. Qui a tué Laurent-Désiré Kabila?

Realizada por Marlene Rabaul y Arnaud Zajtman, corresponsales durante 10 años en RDC y en Kenia de la BBC y de France 24, la cinta investiga los hechos, busca testigos y pasa por la cárcel de Makala, en Kinshasa, donde están encarcelados y condenados a cadena perpetua unos cincuenta “culpables”, desde 2001. Uno de ellos, Antoine Vumilia, ha filmado clandestinamente imágenes de la cárcel y ofrece uno de los testimonios más sobrecogedores de esta película. Conversación cruzada entre Arnaud Zajtman y Antoine Vumilia.

La entrevista (en francés)

Tras su primer documental, Kafka au Congo, sobre las dificultades de los congoleños frente a la corrupción que gangrena la política y la justicia en RDC, Meurtre à Kinshasa investiga el asesinato, no aclarado después de 10 años, de L.-D. Kabila. ¿Cuál ha sido el punto de partida de la película?

Arnaud Zajtman: En el momento del asesinato de Kabila y del proceso subsiguiente, 2001-2002, yo era corresponsal de la BBC. Era el único periodista extranjero que cubría día a día este asunto y había tenido la certeza de que no se había hecho la luz sobre el asesinato, que no se había hecho justicia y que el centenar de condenados en aquel momento eran inocentes. Los periodistas permanentes extranjeros en el Congo éramos sólo un puñado para cubrir una actualidad trágica de batallas, masacres y violencias sexuales, lo que no dejaba sitio para ocuparnos de un centenar de inocentes condenados injustamente.

Sin embargo, este asunto siguió obsesionándome; yo había crecido alimentado por el Affaire Dreyfus, cuyo juicio fue revisado gracias al J’accuse de Émile Zola, y por la cárcel de Tazmamart en Marruecos, cuyo cierre había obtenido Gilles Perrault gracias a su libro Notre ami le Roi. Al haber cubierto el asesinato de Kabila y el proceso, era evidente que yo estaba bien situado para tratar de volverlos a colocar en la conciencia colectiva. Familiarizado como estaba con el lenguaje audiovisual, decidí realizar este documental como mejor manera de recordar este asunto olvidado.

Espero que otros se movilicen ahora para obtener la liberación de estos inocentes. Esta movilización desdichadamente no puede provenir del Congo, donde la clase política está corrompida e infeudada al poder establecido y donde los periodistas y los defensores de los derechos humanos viven bajo la amenaza del poder. La movilización solo puede venir del exterior del país. Hemos visto en el último festival de Cannes que el festival se movilizó a favor de un único cineasta encarcelado en Irán. En el asunto Kabila hablamos de 50 inocentes que están encarcelados. He enviado una copia de mi film a Amnistía Internacional. Debe darse cuenta usted de que no se ha investigado nunca este asunto que sin embargo concierne a prisioneros políticos cuya defensa es, en principio, la razón de ser de AI. Han apreciado el documental y dicen que se van a interesar. Lo espero, como los 50 condenados que siguen en la cárcel.

La participación de Antoine Vumilia en su film, condenado a muerte en 2001 y en la cárcel de Makala desde hacía 10 años cuando aceptó filmar clandestinamente, ¿ha sido un desencadenante de este proyecto?

Arnaud Zajtman: En efecto, fue bastante pronto cuando obtuvimos esas imágenes y era evidente que aportaban al film una fuerza y una razón de ser suplementarias. Las condiciones de detención en Makala se parecen a las de un campo de concentración nazi. Es algo grave y exigía hacer pública esta situación. Si los detenidos fueran blancos y europeos, se desencadenaría un follón monumental. Desgraciadamente, estamos tan habituados a ver sufrir a los africanos que ya no choca en demasía.

Debe percatarse usted de que numerosos condenados han aceptado ofrecer su testimonio clandestinamente. Únicamente Antoine se ha evadido y ello nos ha permitido utilizar su testimonio sin ponerlo en peligro. Por eso aparece en el documental; si hubiéramos podido habríamos utilizado otros testimonios igualmente, pero desdichadamente son de personas que siguen detenidas.

Sabiendo los riesgos que corría al filmar imágenes de la cárcel, ¿qué le motivó a participar en el film? ¿Qué deseaba mostrar o decir?

Antoine Vumilia: Considero mi participación como un acto cívico: una toma de la palabra para emitir otro sonido distinto al mentiroso y oficial. ¿No se ha dicho que la dictadura se alimenta del silencio de los pueblos? He querido mostrar justamente una de las facetas de Drácula: este régimen de Kabila que aparece como respetable, pero que en realidad está construido sobre la mentira y el desprecio de los derechos humanos. El riesgo para mi era real, pero sé que cada cosa que se desea tiene un precio y yo había aceptado pagarlo.

Antes de realizar documentales con Marlene Rabaul, usted fue durante 10 años, de 1998 a 2008, corresponsal permanente de la BBC y de France 24 en Kenia y en RDC. ¿El paso a la imagen implica y modifica en términos de la investigación periodística y en términos de riesgo cuando el país está en guerra?

Arnaud Zajtman: Marlene y yo cubrimos la guerra del Congo durante varios años para Reuters, la BBC y luego para France 24. Nos sucedió tener que trabajar entre disparos. Sin embargo, se sabe que un periodista muere raramente por accidente y que generalmente es muerto como objetivo. Por eso, cuando nos lanzamos sobre el dossier del asesinato de Kabila, nuestros amigos, conocedores del Congo, nos recomendaron ser muy prudentes.

El tema del asesinato de Laurent-Désiré Kabila constituye un dossier tabú, ya que se trata de una mentira de Estado que concierne al padre del Presidente actual. El asunto es considerado como un dossier privado del Jefe de Estado y pocos son los que se atreven a abordarlo públicamente. Tanto más cuanto que algunos sostienen que el Presidente actual es responsable de la muerte de su padre. En la investigación que hemos hecho hemos comprendido que no hay nada de eso. Él no ha matado a su padre. Por el contrario, tal y como los mostramos en el film, inmediatamente después del asesinato, se vengó e hizo matar a 11 ciudadanos libaneses que nada tenían que ver en el asunto. Por otra parte, mostramos claramente en el documental que 50 inocentes se pudren en la cárcel por la sola voluntad de Joseph Kabila, que necesitaba hacer creer que había dado con los asesinos de su padre para asentar su poder.

Sabíamos que tocábamos el dossier más sensible y más secreto de la República. Temblábamos cada vez que nos acercábamos a un testigo que rehusaba colaborar. Teníamos miedo de que fuera a contar a instancias superiores el trabajo que estábamos realizando. Nos sucedió en varias ocasiones que abandonáramos nuestros domicilios en Kinshasa y desapareciéramos durante unos días.

¿Han tenido dificultades para acceder a imágenes de archivos, concretamente a las relativas al proceso de los presuntos asesinos?

Arnaud Zajtman: Esos archivos son mantenidos en secreto. Hemos tenido acceso a ellos gracias a contactos en altas instancias.

¿De entre todas las pistas – libanesa, ruandesa, americana – cuál le parece la más plausible o cercana a la verdad? ¿Cómo interpreta usted la actitud de Joseph Kabila, hijo de la víctima y Presidente de la RDC, diez años después de los hechos?

Arnaud Zajtman: Nuestra íntima convicción es que esas pistas son elementos de un mismo puzle. Los escoltas descontentos ejecutaron el complot, el negociante en diamantes libanés fue un intermediario que aseguró la logística alquilando coches y apartamento para los ejecutores del complot, urdido por los rebeldes pro-ruandeses con el asentimiento de los americanos, aliados de Ruanda durante la guerra que desgarraba entonces el Congo. Es lo que nosotros avanzamos con prudencia en el documental, ya que las pruebas que nos permiten llegar a esta conclusión son en algunos puntos tenues. Así que, por fiabilidad periodística, no podemos afirmar cosas con fuerza sin poseer las pruebas irrefutables.

Antoine Vumilia: La muerte de Laurent-Désiré Kabila es debida probablemente a una interacción de todas esas pistas y otras más. Joseph Kabila es el hombre que ha sacado provecho del crimen. Me parece que su preocupación más importante después de los hechos era la de asegurar la consolidación de su poder. Quiso agradar a la vez a los anglosajones y a los ruandeses, que ciertamente habían estado en el centro mismo del complot contra Laurent-Désiré Kabila, falseando las investigaciones. Pero, quiso también tranquilizar la opinión nacional y para que le disculparan presentándole rápidamente cabezas de turco. En dos palabras, todo el mundo parecía tener interés en privilegiar la estabilidad política en detrimento de la justicia y de la verdad. Salvo que ahora, me parece que Joseph Kabila se obstina en una fuga hacia delante, cuando todo el mundo, incluso en su propio campo, comienza a darse cuenta de la superchería. Es ridículo.

¿Qué vida llevaba usted antes de ser detenido, juzgado y condenado a muerte en 2001 y qué testimonio quiere usted dar sobre esos 10 años de cárcel, ahora que ha logrado evadirse?

Antoine Vumilia: Yo era agente de información en un servicio de la presidencia. El proceso sobre el asesinato de Kabila fue una burda estafa. Las personas que siguen detenidas son tratadas con una increíble crueldad por el régimen, que a menudo utiliza a los detenidos comunes para maltratarlos. Como soy escritor, no recuerdo el número de veces que oficiales de los servicios especiales de presidencia, que desembarcaban en la cárcel solo para mí, me quitaron mis manuscritos. Reflexionar y escribir son allá los delitos más graves. Los detenidos incursos en lo que se llama “dossier rojo” están sometidos a extorsión y discriminación, incluso en la atención sanitaria. Ya ha habido dos que han fallecido por falta de cuidados y al menos cuatro estén en estado crítico.

Usted ha abandonado la RDC, donde vivía desde hace varios años, tras haber rodado esta película, para regresar a Europa. ¿Hay en ello un lazo de causalidad?

Después de 10 años pasados en el Congo ya contábamos con dejar el país; no obstante, es cierto que el documental ha precipitado las cosas. Preferimos ver de lejos cómo es recibida la cinta. Esperamos regresar al Congo, para, concretamente, presentar nuestro documental, caso de que encontremos una sala para proyectarlo, cosa que no es fácil para un film tan sensible políticamente.

Ante la proximidad de las elecciones, que dan a Joseph Kabila como “ganador programado”, ¿cuál es su mirada sobre la situación política en RDC, y qué proyectos tiene entre manos?

Arnaud Zajtman: Joseph Kabila fue elegido en un escrutinio transparente organizado en el Congo en 2006 con ayuda internacional, que ponía fin a cuarenta años de dictadura. Su llegada al poder desencadenó numerosas esperanzas, pero, desdichadamente, desde entonces, en lugar de reforzar las instituciones ha colocado a sus hombres más corruptos a la cabeza de la Asamblea Nacional, ha modificado la constitución a fin de “evitar una elección a dos vueltas que podría conducir a una situación a la marfileña”, según su entorno. Cada día sus esbirros impiden que la oposición haga campaña; sin hablar de la justicia claudicante y de la corrupción azota la cima del Estado. En fin, en lugar de entrar en la Historia como el hombre que trajo la democracia al corazón de África, hace uso de la máquina represiva, de los asesinatos y encarcelamientos abusivos para garantizarse la permanencia en el poder; es de verdad una pena y un día será arrastrado probablemente por las revoluciones que están en curso en otros lugares del continente africano…

Antoine Vumilia: Ahora todo el mundo descubre que el régimen de Joseph Kabila es un sepulcro blanqueado. Yo no concedo valor alguno a elecciones en las que las poblaciones son mantenidas en la ignorancia y pobreza para ser manipulables fácilmente. Lo que da valor a una elección es el grado de libertad de los votantes; ahora bien, esta libertad no existe si los votantes no tienen conciencia ciudadana o simplemente conciencia. Kabila va a “ganar” ciertamente. Pero, personalmente espero verlo cinco años más tarde, cuando querrá modificar la constitución para mantenerse en el poder. Creo que entonces la guerra sería inevitable. Ahora trato de ir hacia atrás en mi vida para recuperar mis sueños que se han perdido por los caminos de la pseudo-revoluciones. En cuanto actor y director, trabajo en la creación de un espectáculo. Termino también la redacción de un libro que trata sobre la pesadilla que he vivido en estos diez últimos años. Pienso también en rehacer mi vida personal: reencontrarme con mis hijos, volverme a casar si es posible… Pero, sea como sea, me siento comprometido en un combate político por el triunfo de la verdad en el famoso “dossier rojo”. No me sentiré verdaderamente libre más que cuando mis camaradas sean reconocidos inocentes y liberados. Me gustaría que estoy con ellos de corazón.
Declaraciones recogidas por Fabienne Arvers

Meurtre à Kinshasa. Qui a tué Laurent-Désiré Kabila? difundido el 27 de abril en France 0. Miércoles 4 de mayo, a las 20,000 Kafka en el Congo, documental seguido de un debate en presencia de los realizadores. En el marco del festival: “Privés de télé”, en la sala de cine La Clef, París Jueves 5 de mayo, 19,000, difusión de Meurtre à Kinshasa, seguida de debate con los realizadores en la Sala de cine Le Studio, Alcaldía de Aubervilliers.

Fuente: Rwandinfo de Kanyamibwa
Traducción de Ramón Arozarena.

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