Juan Tomás Ávila Laurel: Reflexiones del tercer día de huelga

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Juan Tomás Ávila Laurel
Malabo, 14 de febrero 2011

Ya saben todos que el tercer día es un día central. Para todo. Lo saben los árabes. Y es que ya no puedes volver atrás. Solamente puedes mirar adelante. Entonces necesitas un agarre. Un apoyo mayor, más razones para ir siguiendo el camino propuesto.

Doy muchas gracias a todos los que me mostraron su apoyo, venido de muchos lugares del mundo. Todos los interesados y aludidos han recibido el mensaje. Ahora hay que actuar. Llegó la hora de la acción.

Sorprende que los que mandan en Guinea no vean, en su ceguera cerril, que están ante una oportunidad inmejorable. Primero, corren vientos de cambios en medio mundo y este viento nos puede visitar, pese a los efectos de la anestesia que usan contra los ciudadanos guineanos. Segundo, están ante la oportunidad de abandonar el poder por una puerta pequeña, pero por una puerta. Están viendo a otros más poderosos hacerlo por la ventana como unos ladrones. ¿O lo eran, quizá? En tercer lugar están ante unos cambios que podrían ser los menos convulsos del mundo, pues si responden con presteza, no verán correr la sangre ni calles puestas patas arriba.

No sabemos dónde colocar nuestra sorpresa ante el hecho de que los sucesivos gobiernos españoles acaban llegando a la conclusión de que es mejor hacer negocios con Obiang que promover la democracia. ¿Por qué oscura razón no sienten que harían mejores negocios con un gobierno democrático? Lo más probable es que lleven mala intención. Entonces queremos decir que no era esto lo que esperábamos de España. De un país de Europa, y que, además, ha sido la potencia colonial. Tenemos que decir que España le debe mucho a Guinea, y quizá no habría que contabilizarse desde el punto de vista de las ganancias dinerarias.

Otra cosa por la que no sabemos dónde colocar nuestra sorpresa es la falacia difundida de que un gobierno democrático en Guinea sería perjudicial para los intereses económicos, petrolíferos, de los Estados Unidos de América. Si se sigue manteniendo esto, y de ahí la falta de presión de los americanos, entonces podemos creer que en la actualidad nos están robando de manera descarada. Si es así, podemos decir que preferimos que nos sigan robando en el futuro gobierno democrático, pero Obiang se tiene que ir. 

Pero el asentamiento de la creencia anterior dice muy mal del principal país del consejo de seguridad de la ONU. Ahora más que nunca, los Estados Unidos tienen que echar una mano al pueblo de Guinea Ecuatorial. Nos tiene que echar una mano, pese a que muchos no lo quieran. Estados Unidos tiene una obligación moral. Ah, que no se diga que España tiene una obligación moral con Guinea dice muy mal del primer país, España.

Pero para que esto ocurra, el pueblo de Guinea tiene que tener algo que ofrecer. Tiene que tener y ofrecer una alternativa al poder de Obiang. Y esto se consigue haciendo acto de presencia, tomar partido, ocupar una posición. Y esto, pese a la letal anestesia usada por el actual poder guineano. Los guineanos tienen que saber que están ante una grandísima oportunidad. No aprovecharla sería una pérdida doblemente dolorosa 
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